«IRES vio en mí lo que nadie más veía»

Miguel Ángel acude a la entrevista alegre y puntual. Se para a saludar, una a una, a todas las personas del Aferra’t. Como dice él, somos su familia. Es consciente de que lo de hoy es un paso importante en su proceso, pues ha venido a abrirse y compartir su historia de vida. A los […]
Retrat de Miguel Ángel d'Aferra't
Fundació IRES
13 junio de 2019

Miguel Ángel acude a la entrevista alegre y puntual. Se para a saludar, una a una, a todas las personas del Aferra’t. Como dice él, somos su familia.

Es consciente de que lo de hoy es un paso importante en su proceso, pues ha venido a abrirse y compartir su historia de vida. A los pocos minutos de entrevista nos damos cuenta de los enormes progresos que ha hecho en los últimos años. Mira el pasado sin rencor, como una suerte de aprendizaje por el que tenía que pasar.

Hoy, Miguel Ángel, un sevillano afincado en Santa Coloma de Gramenet, nos cuenta su historia de superación personal.

Miguel Ángel, cuéntanos un poco cómo fue tu infancia…

Me crié en La Algaba, un pueblo de gente humilde y trabajadora a 5 km de Sevilla. Crecí en una familia desarraigada y desestructurada. Soy el duodécimo de 14 hermanos, así que, imagínate, mis padres no podían hacer más. Con 4 años me internaron en una casa cuna y mi vida familiar prácticamente se acabó, reduciéndose a pequeños encuentros esporádicos. A los 9, me enviaron a otro colegio, pero yo aún tuve suerte, otros hermanos fueron a colegios peores.

Éramos 14 hermanos, ¡podíamos haber sido una familia fuerte y unida! Pero no fue así, mi padre no supo hacerlo mejor.

A mis padres no les reprocho nada, estoy vivo y esto es lo que cuenta. Yo soy de los que cree que lo difícil te hace fuerte, y lo fácil, débil.

¿Cuál fue tu papel en una familia tan numerosa?

Yo siempre sentí que tenía que “arreglar” mi casa. Crecimos en un ambiente de drogas, alcohol, discusiones… Nunca estuvimos unidos, por más que lo intentara. Pero el tiempo en que me sentía responsable de los problemas de mi familia, haciendo de padre a mis hermanos, ya se acabó. Yo tengo que vivir mi vida, este no es mi problema, no lo creé yo.

¿Por qué decides abandonar tu pueblo y alejarte de tu entorno?

De joven pasé por situaciones de toxicomanía y períodos en la cárcel. Y es que el sistema no ayuda. Cuando un crío se hace drogadicto y roba cuatro cosas, lo meten en prisión con delincuentes de todo tipo, y terminas peor, anulado como persona.

Mi situación era muy desesperada. Mis padres murieron mientras yo estaba en la cárcel, me encontré solo, en la calle, peleado con mis hermanos… Pero un juez creyó en mí, me concedió la suspensión del cumplimiento de condena y me otorgaron una pequeña paga. Nunca olvidaré lo que aquel juez hizo por mí.

Decidí salir de todo aquello y me vine a Cataluña, a un centro de desintoxicación en Collbató. Trabajé como un jabato en lo que era una especie de granja, y así fue como se fue desvaneciendo esa sombra que me acompañaba a todas partes, el síndrome de abstinencia.

Superada esta etapa de tu vida, te vuelcas en el culturismo. ¿Cómo descubres esta pasión?

Desde muy niño me gustaban las artes marciales y el deporte en general. Siempre quise ser entrenador. Ya en Cataluña conocí el culturismo a través de un amigo. Me dediqué a ello con pasión y mucha tenacidad. Con la Federación de Fisioculturismo logré ser campeón de Cataluña y me preparé para los campeonatos europeos.

Es un mundo apasionante pero muy competitivo y exigente. Con el tiempo me di cuenta de que la competición no podía ser un medio de vida y lo dejé. Pero con la ayuda de IRES encontré una manera de reconducir todo este aprendizaje y capacidad física para encarrilar mi carrera profesional. 

Permíteme abrir este paréntesis… ¿Cómo llegaste a IRES?

Después de dejar el centro de Collbató tenía claro que no podía volver a mi pueblo si quería seguir “limpio”. Era el 2007 y me planté solo en medio de Barcelona. Encontré ayuda en la Cruz Roja y fui tirando encadenando pequeños trabajos.

Un año después conocí a Pilar, de IRES. Ella creyó en mí, en quién soy y en lo que soy capaz de hacer. “Vente, que te voy a arreglar el Pirmi”, me decía. Yo de eso no sabía nada, pero Pilar me ayudó con la tramitación de la ayuda. Me dieron la discapacidad por mis problemas de columna y por las secuelas de “mi otra vida”, ¡porque yo había vuelto a nacer!

Nos consta que tu proceso en Aferra’t está siendo muy positivo…

¡Sí! Pilar vio en mí lo que no veía nadie. Iniciamos un trabajo personal basado en dos objetivos: controlar mi impulsividad y trabajar la carrera profesional de lo que me gusta hacer.  Porque uno, las ganas y la capacidad de trabajar las tiene, pero si no tienes las formas… Nadie te da esa oportunidad. Yo estaba loco por trabajar, y aquí encontré ayuda para canalizar mis impulsos.

Gracias a IRES me formé y me sigo formando. Tengo titulación de primeros auxilios, de socorrista, de entrenador de salas polivalentes especializado en biomecánica funcional… A través del deporte me he centrado y soy más capaz de controlar mi impulsividad.

¿Qué ha significado IRES en tu vida?

Aquí veis los defectos, pero trabajáis a partir de las virtudes de cada uno ¡y las potenciáis! Llegué muy desorientado a nivel laboral y con una forma de ser muy difícil que me impedía avanzar. Me enseñasteis que podía sacar provecho de mi pasión por el deporte y ampliar mi currículum haciendo lo que me gustaba. ¡Qué gran aprendizaje!

Por eso me gusta implicarme con las actividades de IRES. He hecho ya dos talleres para los compañeros y compañeras del Aferra’t, uno de Chi Kung (arte marcial que conocí en la cárcel) y otro de biomecánica funcional, para ayudar a escucharnos el cuerpo y cuidarlo. Ha sido muy gratificante poder compartir mis conocimientos con vosotros.

Taller chi kung en Aferra't
Taller de Chi Kung en Aferra’t

Miguel Ángel, muchas gracias por compartir tu historia. ¡Ha sido un placer conversar contigo!

Gracias a vosotros. Para mí, IRES sois mi familia.