«Las rendijas del confinamiento»

El equipo de Adopciones nos hace llegar esta reflexión sobre los aprendizajes que ha dejado el confinamiento sobre la construcción del vínculo y la convivencia en familias adoptivas.
Fundació IRES
18 junio de 2020

Estamos inmersos en un nuevo tiempo, muy desconcertante, que nos desorienta y nos obliga a adaptarnos a unas circunstancias que nadie podía prever, ni en su magnitud, ni en su duración. Un tiempo marcado, entre otras cosas, por el famoso eslogan de “quédate a casa” y así lo hemos hecho, cada cual a la suya, cada cual con los suyos.

Ya hace casi 3 meses que estamos confinados, relacionándonos cada día con las mismas personas y moviéndonos entre cuatro paredes. Alguna de estas con pequeñas ventanas al mundo exterior, rendijas de luz, que nos han permitido ser más conscientes de la importancia del que tenemos en casa. Durante este tiempo algunas familias han estado en una situación muy particular, en un momento de conocer una nueva realidad y adaptarse a ella. Hablamos de familias que iniciaron no hace mucho el proceso de adoptar un niño o una niña, y que se han visto confinadas en casa con un niño al cual conocer y atender.

Estos meses de estancia en casa han causado que a menudo tengamos la sensación que cada día es una copia del anterior, matizada por pequeñas variaciones, a veces poco significativas. Los días no pasan sino que se amontonan. Cabalgan unos con los otros y se nos olvida qué día de la semana es y, incluso, en qué mes estamos. Algo del ayer continúa muy presente hoy y seguramente lo estará mañana. Quizás últimamente vemos ciertos cambios en aquello que se ha denominado las fases del desconfinamiento pero tenemos la sensación de que es demasiado lento y nos gustaría recuperar cuanto antes mejor aquella normalidad que hoy se nos presenta como un ideal o quimera, investida también de cierto miedo e incertidumbre.

“Adoptar quiere decir construir este vínculo familiar a posteriori, después de una ruptura por parte del niño y de un largo proceso de preparación por parte de los adoptadores”

Normalmente hablamos de este tiempo de reclusión y convivencia forzosa en términos negativos. No solo por la emergencia sanitaria y las consecuencias en vidas o pérdidas, sino porque ha puesto la sociedad patas arriba al no dejarnos seguir con el ritmo habitual de las cosas. La normalidad de ir a trabajar, de llevar los niños en la escuela, de salir los fines de semana o vernos con las personas con las cuales compartimos nuestro tiempo de ocio. Todo ha estado y, será durante un tiempo, algo más complejo. Pero esta normalidad también tiene su coste de oportunidad. Una expresión que utilizan los economistas para referirse al que perdemos cuando escogemos, en su constante propósito de cuantificarlo y hacerlo tangible. Quizás en este caso el coste de oportunidad del cotidiano sea algo similar a la toma de conciencia de lo que realmente es importante en la vida, aquello que a menudo no tiene un valor de compra o venta: el ser y estar. Vernos obligados y obligadas a bajarnos del tren de esta normalidad ha provocado que se nos presentara de una manera más clara la importancia de la familia. Es común sentir que detrás de las dificultades siempre se esconden oportunidades y, ante la dificultad de relacionarnos con quien volamos, se abre la oportunidad de relacionarnos con los que realmente necesitamos. Este tiempo los ha permitido construirse algo más como familia, obtener algo que la vida cotidiana acelerada o condensada no los permitía: la convivencia.

Algunas familias nos han transmitido cómo este tiempo les ha abierto la posibilidad de fortalecer el vínculo con los niños, algo que por la mayoría de personas nos viene dado de serie, que no es necesario plantearse porque nuestros padres han estado allá desde el minuto cero. En cambio en la adopción esta filiación es particular. Adoptar quiere decir construir este vínculo familiar a posteriori, después de una ruptura por parte del niño y de un largo proceso de preparación por parte de los adoptadores. Y muchas veces construir esta unión sobre unos cimientos que a menudo no son muy sólidos o estables no es nada fácil, especialmente cuando esconden experiencias de negligencia o maltrato, y se necesita tiempo. Por eso, como si se tratara de un rayo de luz entrante por una rendija, este confinamiento también ha iluminado estos tiempos de convivencia. Unos rayos que han entrado para hacernos ver las pequeñas cosas que en momentos del cotidiano nos pasan desapercibidas. Una de ellas es la magia de convivir sin prisas, de compartir el día a día, de conocernos en profundidad, más allá de obligaciones y rutinas. Y si no fuera por la necesidad que estos padres y madres se hayan convertido a marchas forzadas en profes improvisados, informáticos de los Zoom/Teams, perfiles creativos y artistas del papel y las pinturas, investigadores y exploradoras de nuevas historias, magos y magas de aprovechar los tiempos y diseñadores y diseñadoras de casas que son las nuevas salas de exposiciones de arte infantil, podrían decir que habría sido un tiempo idílico.

“Volem deixar palesa la importància que les nostres famílies disposin de temps, per conèixer-se, per compartir-se i per construir-se com a família”

Nos ha parecido oportuno pararnos, pensar y reconocer la importancia de las relaciones familiares, en particular en aquellos procesos donde el núcleo es el aferramiento que permite que un niño tenga la oportunidad de crecer y ser familia con otros progenitores que no son los biológicos. Una excepcionalidad que nos ha llevado a afrontar nuevos retos y tomar conciencia que las dificultades también hacen emerger habilidades escondidas, actúan de filtro en nuestras relaciones y nos ayudan a diferenciar aquellas que son esenciales, fortaleciendo las necesarias y debilitando las dispensables.

Para nosotras, como equipo de adopciones de niños y niñas con necesidades especiales, el teletrabajo y la imposibilidad de hacer algunas cosas presenciales, nos ha permitido centrarnos mucho más en los seguimientos, en como las familias y los niños se han adaptado y han superado las semanas de confinamiento. Nos sentimos muy orgullosos/as de todas ellas y queremos agradecerles que nos dejaran formar parte de su día a día para ver como estos pequeños rayos de luz los han hecho crecer como familia. Queremos dejar patente la importancia de que nuestras familias dispongan de tiempo para conocerse, para compartirse y para construirse como familia.

Daremos la bienvenida a la nueva normalidad, pero habrá que esperar para ver las consecuencias de todo esto, tanto a nivel individual como social. Esperamos no olvidarnos de estas rendijas positivas que nos pueden dar pistas para abrir nuevos caminos.

Gracias

Equipo de Adopciones IRES