¿Sabría vuestra empresa cómo acompañar a una trabajadora que está viviendo una situación de violencia machista?
Una trabajadora puede estar viviendo una situación de violencia machista y continuar acudiendo cada día al trabajo sin que nadie de su entorno laboral sea consciente de ello. A pesar de ello, es probable que haga un enorme esfuerzo por mantener la normalidad e intentará que nadie note qué está pasando. Ante esta realidad, la Fundación IRES y la Confederación de Asociaciones Empresariales de Baleares (CAEB) hemos impulsado un webinar y una guía práctica para que las empresas dispongan de herramientas para detectar estas situaciones, actuar con criterio y ofrecer un primer apoyo adecuado.
Las consecuencias de las violencias machistas también llegan al entorno laboral. Es desde esta perspectiva que contar con herramientas y orientaciones prácticas es clave para que las empresas puedan actuar con criterio, dar apoyo a las personas trabajadoras y facilitar el acceso a los recursos especializados cuando sea necesario.
Una realidad más presente de lo que a menudo imaginamos
Según la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer, una de cada tres mujeres en España ha sufrido alguna forma de violencia machista a lo largo de su vida. Las Islas Baleares, además, continúan situándose entre los territorios con una incidencia más elevada, según diferentes indicadores oficiales sobre denuncias, atención especializada y prevalencia.
Esto significa que es muy probable que cualquier organización con mujeres en la plantilla tenga, o haya tenido, alguna trabajadora viviendo esta situación. En muchos casos, la empresa no será consciente de ello. En otros, empezará a ver indicios cuando aparezcan ausencias reiteradas, cambios repentinos de comportamiento, una disminución del rendimiento o dificultades de concentración. Aquí hay que tener presente que estos indicios, que pueden tener motivaciones muy diversas, a veces son la expresión visible de una situación de violencia que todavía no ha sido verbalizada.
Detectar también es prevenir
Saber detectar esta situación es fundamental, ya que cuando hablamos de prevención de las violencias machistas solemos pensar en educación, sensibilización o promoción de relaciones igualitarias. Todo ello es imprescindible. Pero, en el entorno laboral, hay otra forma de prevención igualmente relevante: la detección precoz.
Reconocer las primeras señales y generar un entorno de confianza para que una trabajadora pueda pedir ayuda antes de que la situación se agrave puede reducir el impacto de la violencia y facilitar un acceso más rápido a los recursos especializados. En este contexto, formar a los equipos directivos, a los departamentos de recursos humanos y a las personas con responsabilidades sobre equipos es también una acción preventiva.
El papel de la empresa puede marcar una diferencia decisiva
Hay que recordar que, para muchas mujeres, el lugar de trabajo es uno de los pocos espacios donde pueden estar parcialmente fuera del control del agresor. También es a menudo el único entorno donde mantienen una red de relaciones que puede detectar que algo no va bien.
Es por ello que, cuando una empresa responde adecuadamente, puede facilitar medidas que contribuyen de manera decisiva al proceso de recuperación, como adaptar temporalmente los horarios, garantizar la confidencialidad, facilitar información sobre los recursos especializados o activar los derechos laborales previstos por la legislación.
Ahora bien, para que esto sea posible, las empresas necesitan saber cuál es su papel y cómo pueden actuar desde sus responsabilidades, sin sustituir en ningún caso a los servicios especializados.
Pero no siempre es fácil saber cómo actuar ante una situación de este tipo y algunas respuestas, cuando son improvisadas y nacen del desconocimiento, pueden incrementar el malestar o dificultar el proceso de la trabajadora. Precisamente por ello es tan importante prepararse con antelación.
Una buena respuesta va más allá del cumplimiento normativo
También es fundamental que las empresas conozcan y apliquen el marco normativo, que reconoce diversos derechos laborales a las trabajadoras víctimas de violencia de género, como adaptaciones de jornada, movilidad geográfica, suspensión del contrato o determinados permisos.
Pero una buena respuesta va más allá del cumplimiento de la normativa. También requiere saber escuchar, respetar los tiempos de la trabajadora, preservar la confidencialidad y evitar la revictimización. Por ello, el conocimiento jurídico y la perspectiva psicosocial son dos dimensiones inseparables de una buena respuesta empresarial.
La experiencia es lo que transforma la teoría en una respuesta efectiva
En la Fundación IRES hace décadas que trabajamos con personas en situación de vulnerabilidad y, en las Islas Baleares, gestionamos servicios especializados de atención a mujeres supervivientes de violencias machistas.
Esta experiencia nos permite conocer tanto el marco normativo como la realidad que viven las mujeres durante estos procesos, qué barreras encuentran cuando deciden pedir ayuda y qué intervenciones contribuyen realmente a su recuperación. Este conocimiento es el que trasladamos también a las empresas: cuando formamos a equipos profesionales ayudamos a comprender qué hay detrás de muchas conductas, cómo responder y cómo construir entornos laborales de protección.
Prepararse significa disponer de herramientas para detectar precozmente posibles situaciones, actuar con criterio y activar los recursos adecuados. También implica ofrecer un acompañamiento respetuoso, coordinado y seguro, convirtiendo el lugar de trabajo en un espacio donde una mujer pueda encontrar apoyo.
Desde la Fundación IRES acompañamos a empresas que quieren dar este paso mediante formación especializada, sensibilización de la plantilla y asesoramiento en el diseño de circuitos internos.
Ninguna empresa puede poner fin, por sí sola, a una situación de violencia machista. Pero cualquier empresa puede convertirse en el primer espacio donde una mujer encuentre escucha, apoyo y acceso a los recursos que necesita. Prepararse para asumir este papel también es una forma de contribuir a la prevención de las violencias machistas.